Esta baya es originaria del norte
de Europa, llegó con los vikingos, y aunque originariamente
era silvestre, se ha adaptado bien al cultivo en racimos colgantes
a metro y medio de altura. Los frutos son de color negro, olorosos
y de sabor agradable. Contienen pocos azúcares (7 g), proteínas
(1,5 g), trazas de grasas y muchas fibras (4,5 g). Son ricos en
calcio (35 mg) y potasio (280 mg), betacarotenos (20 mcg), vitamina
C (45 mg), E y grupo B y unas calorías. También
posee flavonoides –principalmente rutósidos y glucósidos-,
pectinas, ácidos orgánicos cítrico y málico,
pigmentos polifenólicos y antocianidinas.
Cómo prevenir y curar con grosellas
La presencia de las tres vitaminas
antioxidantes, fibras y minerales le permiten figurar entre las
frutas-salud; es tónica, refuerza las defensas orgánicas
y la agudeza visual, descongestiona el hígado y es depurativa,
laxante. Contiene ácido elégico que impide el desarrollo
de las células cancerosas.
Doctor Jesús Llona Larrauri
Real Academia de Medicina del País Vasco